Historia de un Alma – santa Teresita de Lisieux
Escribe Teresita en este hermoso libro
“No soy un águila, sólo tengo de ella los ojos y el corazón, porque, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila…, el pajarillo quisiera volar hacia ese brillante sol que embelesa sus ojos, quisiera imitar a las águilas sus hermanas, a las que ve elevarse hasta el foco divino de la Trinidad santa…”
El Señor quiere ensanchar nuestro corazón para que sigamos ideales grandes, y parece como si nos dijera al oído, aquella frase que escuche por primera vez del querido Padre Eduardo Sanz de Teresa “la mayor” (…lo de “La mayor”, es un cariño mio) : “si queremos volar como un águila, volaremos como una paloma, pero si nos conformamos en volar como paloma, nos quedaremos en gallina de corral”.
“Debemos aspirar, tal como nos indica San Pablo a los carismas mayores: la fe, la esperanza y la caridad; y de estos tres, al mayor de todos: La caridad.”
Un poco de la “Bio” de Santa Teresita del Niño Jesús: nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres ejemplares eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos venerables. (S.S. Benedicto XVI los declararó beatos de la Iglesia el día 19 de Octubre de 2008 y La Santa Sede informó el 18 de marzo de 2015 que el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el decreto que reconoce el milagro que elevará a los altares a los padres de Santa Teresita de Lisieux, Louis Martin y Maria Zelie Guérin) Murió en 1897, y en 1925 el Papa Pío XI la canonizó, y la proclamaría después patrona universal de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria» el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita. Proclamada «Doctora de la Iglesia» por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997 (Día de las misiones)
«Siempre he deseado, afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».
Teresa era la última de cinco hermanas – había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido – Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración».

A veces estamos cómodos en nuestra zona de «confort». Me refiero a que una vez que formamos hábitos, se nos hace más fácil hacer las cosas. Por ejemplo, formaste el hábito de cepillarte los dientes por la mañana y lo haces cada día, mecánicamente sin pensar. Así mismo son las cosas de Dios, lees tus lecturas cada día, a la hora que ya tienes planificada, haces tus oraciones y todo esto está bien; pero resulta, que hoy Jesus quiere más. No nos podemos conformar con las cosas que hacemos cada día, no se trata de eso. Podemos estudiar mucho, podemos dedicar mucho tiempo a las cosas piadosas, podemos estar constantemente metidos en un obrar mecánico sin que el amor de Dios penetre en nuestro corazón y si esto pasa, seremos como rocas, que aun estando dentro del agua, por dentro no se mojan.
Hoy Cristo quiere más. Me pide que le entregue mi corazón, mi obrar, mi sentir y mi voluntad.
Todos podemos estar arriba, en la amistad con Dios, con la ayuda de la gracia.
San Pablo enseña una verdad fundamental: Hemos sido elegidos por Dios, desde antes de hacer el mundo, para ser santos (Ef 1), para tener una honda amistad con Jesucristo, que se refleje en las cosas normales de todos los días.
Cada uno de nosotros podemos decir: Dios ha pensado en mí, desde la eternidad.
Dios nos llama a todos a «volar alto».
Santa Teresa de Jesús, después de señalar que la santidad se fundamenta en la ayuda divina, avisa de la posible tentación que pueden experimentar las almas y el daño que pueden sufrir ante una falsa humildad. El demonio intenta presentar «como soberbia el tener grandes deseos de querer imitar a los santos y a los mártires. Después, nos quiere hacer entender que las cosas de los santos son para admirar, y no para imitar los que nos sentimos pecadores». Esa falsa humildad, la mediocridad espiritual aceptada, nos llevaría a volar bajo como gallinas de corral, a la tibieza, el gran enemigo de la vida espiritual.
Teresita tuvo siempre claro su norte, encontró su caminito y dijo “Si” a Dios en todo momento, te invito a conocer un poco más de su vida y su obra. Puedes descargar aquí “Historia de un Alma”, su autobiografía
Jesús, ayúdanos a remontar el vuelo, a subir a las alturas de tu Amor, a no ser conformistas, a que no nos asuste la palabra santidad.
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