Todo terminará bien, “Yo hago nuevas todas las cosas”

“Yo hago nuevas todas las cosas”, dice Jesús.

Nadie tiene amor más grande que aquel que da su vida por los amigos; si pensamos en esta frase y lo que significa dar la vida por los amigos, estoy segura de que llegaremos a afirmar que sólo una persona que ama puede ofrecer el precio más alto por otra: su vida.

Cuando nos encontramos de frente al amor, la palabra de Dios, y escuchamos este discurso único: “ …Vine para que tengas vida y vida en abundancia” o bien… “Yo hago nuevas todas las cosas”, te das cuenta de la locura de amor de Dios por el hombre.

Decía el padre Emiliano Tardiff que la palabra de Dios es operante y me encanta esa afirmación porque el verbo está conjugado en gerundio, quiere decir que la acción no ha terminado. Quiere decir que a través del tiempo su palabra sigue viva, operante, sandora, consoladora, transformadora.

Hablando de conjugación de verbos… te voy a contar algo que me sucedió al asistir a una acción apostólica en el Hogar Renacer de niñas. … Me cuenta sor Amalia, un día que un grupo de cursillistas, llevamos una catequesis, que una de las niñas se le acercó y le preguntó…

¿Cómo es eso que siempre dicen que Jesús es verbo, si su nombre no termina en ar, er, ir?

Me he quedado pensando en esta pregunta y la grandeza que su respuesta encierra pues Cristo, que es la palabra de Dios, nunca está estático, su amor está siempre en movimiento, porque su naturaleza propia es amar y como mencionamos al principio es operante en todos los tiempos.

Las preguntas de las niñas son manantiales profundos para meditar la sabiduría de Dios y profundizar en nuestras vidas su mensaje de amor.

A veces queremos llegar al final de todos los procesos y queremos saltarnos los momentos por los que debemos transitar por que nuestra naturaleza, muchas veces, es impaciente. Sin embargo, Jesús, que ya lo sabe, que abraza nuestra debilidad, que nos ama locamente hasta dar su vida, que conoce el barro de que estamos hechos… como reza la canción:

“Quien podría amar como tu nuestra carne frágil, nuestro barro. …Quien como tu confía en la mecha que ondea en nuestro interior, quien como tu sostiene nuestra esperanza mal herida y nuestros anhelos insaciables, quien como tu espera nuestro “Si” de amor.

Señor a quien iremos si tú eres nuestra vida…”

Las promesas de Dios son eternas, Él ha dicho que ha venido a traernos vida y esto lo hace a pesar de cualquier circunstancia en que estemos inmersos. Él ha dicho “yo hago nuevas todas las cosas” y cada día nos regala una nueva oportunidad y su palabra, eterna, no cesa de operar en nosotros y en todas las cosas. Creo Señor en tus promesas, me fío de tu palabra y camino contigo cada día. Aumenta Padre del cielo nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad porque sabemos que «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman.»

¡Animo!. Dios te bendiga.

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