De los trabajos, hacer apostolado donde me encuentre es el más bello y hermoso. Llevar el mensaje de Cristo a los demás es un privilegio. Junto a un grupo de hermanos, visitamos a los enfermos del Hospital Central y junto a otro grupo de hermanos, cantamos al Señor en la santa Eucaristía cada semana y cuando nos necesiten. Esas tareas no las cambio por nada. Doy gracias a Dios por tantas bendiciones: por la familia, los amigos y los trabajos, pero sobre todo por poder vivir en su presencia todos los días.