Hoy, memoria litúrgica de san Francisco de Borja, recordamos la frase de san Ignacio de Loyola que refleja lo que suponía que el Duque de Gandía y Virrey de Cataluña entre 1539 y 1543, Francisco de Borja, fuera admitido en la Compañía de Jesús: «El mundo no tiene orejas para oír tal estampido».
Francisco de Borja y Aragón nació en Gandía en 1510. Fue un hombre aupado (o quizás lastrado) por su apellido. Era por línea paterna bisnieto del Papa Alejandro VI. En 1546 muere su esposa, Leonor de Castro, con quien había contraído matrimonio en 1529. Con 36 años queda viudo con ocho hijos. Dicen que desde que viera el rostro descompuesto de la emperatriz Isabel de Portugal, después del traslado de su cuerpo de Toledo a Granada, la vida le dio un vuelco. Tenía 29 años. El viaje interior que culminaría con su entrada en la Compañía de Jesús ciertamente había empezado años antes, dicen que motivado por este momento de desengaño. Con estas palabras respondía Ignacio de Loyola a su petición de entrada en la Compañía de Jesús aprobada hacía apenas seis años:
“Y así en el nombre del Señor yo acepto y recibo desde ahora a Vuestra Señoría por nuestro hermano, y como a tal le tendrá siempre mi alma aquel amor que se debe a quien con tanta liberalidad se entrega en la casa de Dios para en ella perfectamente servirle”. (Carta de Ignacio de Loyola a Francisco de Borja, Duque de Gandía. Roma, 9 de octubre de 1546).Ignacio le pide en la misma carta que “entretanto que estas cosas se concluyen (…) holgaría yo que, y espero que dello Dios se servirá, que aprenda y estudie muy de propósito la teología, y si se puede, querría que en ella se graduase de doctor en esa universidad de Gandía, y esto con mucho secreto por ahora (porque el mundo no tiene orejas para oír tal estampido), hasta que el tiempo y las ocasiones nos den, con el favor de Dios, entera libertad”.
Esta libertad llegaría en 1551 cuando, junto con su ordenación sacerdotal, se da a conocer su pertenencia a la nueva orden. Pero el apellido pesa y en abril de 1552 Ignacio se entera de que Carlos V había pedido al Papa Julio III que nombrase a Borja Cardenal. El de Loyola mueve todas sus fichas para que esto no suceda. El asunto aflora de nuevo en el año 1554 y esta vez es el mismo Francisco de Borja quien maniobra en contra de tal decisión. Hacía años había jurado “no servir a señor que se le pudiera morir”. En 1565, tras el generalato del también español Diego Laínez, sería elegido tercer Prepósito General de la Compañía de Jesús.
“De estar seca la tierra se viene a secar la flor del árbol y después el fruto, y así, de estar seca nuestra alma en la oración y ejercicios espirituales, viene a secarse la flor y fruto espiritual. Por no estar ella ejercitada en la meditación e imitación de Cristo crucificado, viene no sólo la tibieza en el padecer, más aún la impaciencia. De no tratar en la oración muy a menudo del propio conocimiento y de la vileza del hombre, sale la propia estimación y el menosprecio del prójimo”. (San Francisco de Borja, Carta 717, abril de 1569 a toda la Compañía). (Fuente: Eclesia.com)
Un poco de su letra y vida, este extracto es del Padre Lamet, me parece hermoso, les comparto: «
Desde el primer momento en que decidió seguir el camino de la fe cristiana con mayor sinceridad, tuvo que esforzarse en enderezar el tronco de un árbol que él sentía torcerse hacia otro lado, quizás al buen comer y beber, o a la vida muelle que en un tiempo gozó a las orillas del Mediterráneo y a su pasión por los caballos y la caza. Las cosas del mundo le pesaban y pedía continuamente un amor que le permitiese “olvido de lo de acá” y “vivir en el Señor, como si no viese sino a él” o “vivir como quien está para morir”.
Se diría que luchaba para cerrar los ojos y ver el paisaje interior. Pero ¿cómo podía realizar esto un hombre que todavía, por su misión, también de jesuita, hollaba alfombras, comía con príncipes, era a diario obsequiado por los poderosos? Procuraba, como él decía, “concertar el reloj del alma”, controlar sus sentidos, “limpiar el espejo del ánima”. Quizás esta faceta, que yo creo estaba muy ligada a su natural sensualidad mediterránea, a su “carácter Borja” (estirpe de los famosos Borgia que han dado lugar hasta hoy a novelas y films, verdaderos thrillers medioevales), ha ofrecido un perfil de Francisco demasiado ascético. Por eso debo añadir que detrás de ese esfuerzo se ocultaba una plenitud mística y mucho amor: “Al Espíritu Santo se pidió amor para quitar el amor a todas las cosas, por ponerle en él, y amar del amor que fuimos amados”.
Lo que le dijo a Melchor en el lecho de muerte lo había repetido muchas veces antes:“Tener el corazón sin apetecer sino a Dios” y a “todas las creaturas en él”, hasta llegar a “ver las cosas en el Señor, y por él olvidarlas todas”.
Un momento que veo así:
SOLO QUIERO A JESÚS
Sólo busco a Jesús, el tiempo es ido;
velas blancas me llaman en Gandía
y el aire está sereno como antaño
en el palacio aquel donde nacía
para ganar el reino de este mundo.
Un mundo que se escurre de mis manos
como la hermosa Isabel, desconocida
se pudre en el sepulcro de Granada
y se nos va en un soplo la alegría.
Sólo quiero a Jesús, hermanos míos.
Decid al duque mi hijo que a porfía
mi amor avive en todos muy presente
como presentes andan en mi vida.
En Dios todas las cosas las olvido
y en Dios toda creatura se ilumina.
Sólo quiero a Jesús, mi dulce compañero
para servir aquí en su Compañía.
Perdonadme si erré, el tiempo es ido,
mi leño es fuego, la senda está encendida.
Con un amor de cielo soy abrazo,
velas blancas me llaman en Gandía.



